Dios de la tierra, Dios del universo
Decía Zaratustra, singular personaje creado por Federico Nietzsche: “¿Será posible? ¡Ese santo anciano no ha oído aún en su bosque que Dios ha muerto!”. La relación del hombre con la fuente de la energía universal, siempre ha sido complicada. Diríamos que se establece una relación de amor-odio, querer y no querer, de aceptación-negación, de complementariedad… Incluso para quienes niegan la existencia de una realidad trascendental al ser humano.
¿Vivimos dando la espalda a Dios? Hoy día, para muchos seres humanos Dios no existe. Si, puede resultar contundente nuestra afirmación; no obstante, si observamos (con un mínimo de rigor y sin ningún tipo de falso apasionamiento) y paramos a examinar nuestra vida, día a día, instante a instante, nos sorprendería comprobar que, en la práctica, vivimos manifestando que Dios es ajeno a nuestro diario existir.
Reflexiones sobre la vida y la muerte... mas allá de la ciencia
Espiritismo
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Desde que el ser humano adquirió conciencia como tal, desde que las criaturas humanas de la especie Neandertal en vez de desechar los cadáveres de sus congéneres, los sepultaban ceremonialmente, la andadura racional constituye un duro esfuerzo intelectual por descifrar el enigma más constante y real que representa la propia finitud de la especie: la muerte.